Joseph Gordon-Levitt
Zooey Deschanel
Director: Mark Webb
"500 days of Summer" no es propiamente una comedia romántica aunque sea clasificada como tal. Es cierto, hay unos cuantos momentos de humor y su eje central es el amor, pero lo que subyace en esa descripción superficial la convierte en mucho más. Podríamos decir que "500 días con ella" es una comedia romántica de la misma manera en que la involvidable "Annie Hall", obra maestra de Woody Allen, es una comedia romántica. Y salvando las distancias, ambas poseen esa frescura inteligente y la irreverencia de presentar una historia, en apariencia trillada, de una forma distinta que nunca deja de sorprender.
La cinta, en su nivel más profundo, es una crónica sobre la complejidad de las relaciones humanas y el riesgo que corremos al apostar por una persona cuando hay sentimientos en juego. Es una visión agridulce del desamor en donde queda claro que aquel dicho: "En toda relación hay uno que quiere y otro que se deja querer" no es sólo cierto, sino que condiciona la dinámica de una relación desde el principio. Todo lo que sucede en la historia es consecuencia de que Tom (Joseph Gordon-Levitt), el personaje principal, se enamora perdidamente de Summer (Zooey Deschanel) sin que ella pueda corresponderle. Cada etapa del nacimiento, clímax, declive y rompimiento de su relación está determinada por lo que cada uno siente por el otro, y pronto se hace evidente que cuando las diferencias son tan grandes el final no puede ser feliz. Un narrador nos advierte al inicio de la película que "esta no es una historia de amor", y efectivamente, no lo es. Pero a pesar de la advertencia, "500 Days of Summer" logra conectarnos con cada personaje y hace que la historia importe, nos afecte y la asociemos con nuestras realidades personales.
Es realmente interesante compartir opiniones con quienes han visto el film porque cada uno lo interpreta desde su perspectiva particular y descubrimos que algunos se identifican son Summer y otros con Tom, pero no porque uno u otro tengan razón, sino porque estos personajes son reales, se parecen a nosotros. Lo que ambos viven como pareja a lo largo de la película es tan cercano a lo que todos hemos experimentado alguna vez, que sin darnos cuenta nos hemos convertido en observadores que juzgan desde su experiencia. Y eso es quizás lo más especial de esta película. Logra hablarle al espectador y lo confronta con varios de los mecanismos, juegos y estrategias implícitos en el enamoramiento de dos personas que acaban de conocerse: Cómo a veces no podemos elegir en quién nos fijamos y somos atraídos por una fuerza de gravedad inevitable, cómo idealizamos a las personas convirtiéndolas en alguien que no son (resaltando lo bueno y obviando lo malo) y cómo intentamos transformar la realidad para alinearla con nuestras expectativas; cómo en ocasiones callamos para no herir al otro y cómo a veces el simple hecho de que nos hace sentir bien es motivo suficiente para seguir con una persona que no queremos realmente.
Una nota en la primera secuencia de la cinta revela que toda, o casi toda la historia, fue tomada de una experiencia real que vivió uno de los guionistas, quien a modo de catarsis convirtió su dolor en la gran película que disfrutamos ahora. Y es esto, en gran parte, lo que le otorga esa sensación de cercanía y realidad a la película. El resto del trabajo lo consigue la dirección genial de Mark Webb, que nunca teme elegir caminos distintos para que el film exprese visualmente todas y cada una de las emociones que sienten los personajes, especialmente Tom. No sólo lo consigue, además logra multiplicar las sensaciones del espectador con secuencias inolvidables como la de "Realidad Vs Expectativas", que se convierte en el clímax de la historia y del film. La producción también es impecable, al igual que las actuaciones de un reparto sólido en donde nadie desentona. Completa un soundtrack con excelentes temas que además de acompañar, participa en el mundo de los personajes y nos sumerge en la melancolía agridulce que respira "500 days of summer" de principio a fin.
Dos nominaciones al Globo de Oro y tres al Independent Spirit Award, en el que ganó el premio al mejor guión, son algunos de los reconocimientos de este pequeño gran film que nos hace recordar una vez más por qué el cine independiente es cine de culto, siempre tan cercano, relevante y memorable.
Zooey Deschanel
Director: Mark Webb
Guión: Scott Neustadter y Michael H. Weber
Puntuación: 8.5/10
"500 days of Summer" no es propiamente una comedia romántica aunque sea clasificada como tal. Es cierto, hay unos cuantos momentos de humor y su eje central es el amor, pero lo que subyace en esa descripción superficial la convierte en mucho más. Podríamos decir que "500 días con ella" es una comedia romántica de la misma manera en que la involvidable "Annie Hall", obra maestra de Woody Allen, es una comedia romántica. Y salvando las distancias, ambas poseen esa frescura inteligente y la irreverencia de presentar una historia, en apariencia trillada, de una forma distinta que nunca deja de sorprender.
La cinta, en su nivel más profundo, es una crónica sobre la complejidad de las relaciones humanas y el riesgo que corremos al apostar por una persona cuando hay sentimientos en juego. Es una visión agridulce del desamor en donde queda claro que aquel dicho: "En toda relación hay uno que quiere y otro que se deja querer" no es sólo cierto, sino que condiciona la dinámica de una relación desde el principio. Todo lo que sucede en la historia es consecuencia de que Tom (Joseph Gordon-Levitt), el personaje principal, se enamora perdidamente de Summer (Zooey Deschanel) sin que ella pueda corresponderle. Cada etapa del nacimiento, clímax, declive y rompimiento de su relación está determinada por lo que cada uno siente por el otro, y pronto se hace evidente que cuando las diferencias son tan grandes el final no puede ser feliz. Un narrador nos advierte al inicio de la película que "esta no es una historia de amor", y efectivamente, no lo es. Pero a pesar de la advertencia, "500 Days of Summer" logra conectarnos con cada personaje y hace que la historia importe, nos afecte y la asociemos con nuestras realidades personales.
Es realmente interesante compartir opiniones con quienes han visto el film porque cada uno lo interpreta desde su perspectiva particular y descubrimos que algunos se identifican son Summer y otros con Tom, pero no porque uno u otro tengan razón, sino porque estos personajes son reales, se parecen a nosotros. Lo que ambos viven como pareja a lo largo de la película es tan cercano a lo que todos hemos experimentado alguna vez, que sin darnos cuenta nos hemos convertido en observadores que juzgan desde su experiencia. Y eso es quizás lo más especial de esta película. Logra hablarle al espectador y lo confronta con varios de los mecanismos, juegos y estrategias implícitos en el enamoramiento de dos personas que acaban de conocerse: Cómo a veces no podemos elegir en quién nos fijamos y somos atraídos por una fuerza de gravedad inevitable, cómo idealizamos a las personas convirtiéndolas en alguien que no son (resaltando lo bueno y obviando lo malo) y cómo intentamos transformar la realidad para alinearla con nuestras expectativas; cómo en ocasiones callamos para no herir al otro y cómo a veces el simple hecho de que nos hace sentir bien es motivo suficiente para seguir con una persona que no queremos realmente.
Una nota en la primera secuencia de la cinta revela que toda, o casi toda la historia, fue tomada de una experiencia real que vivió uno de los guionistas, quien a modo de catarsis convirtió su dolor en la gran película que disfrutamos ahora. Y es esto, en gran parte, lo que le otorga esa sensación de cercanía y realidad a la película. El resto del trabajo lo consigue la dirección genial de Mark Webb, que nunca teme elegir caminos distintos para que el film exprese visualmente todas y cada una de las emociones que sienten los personajes, especialmente Tom. No sólo lo consigue, además logra multiplicar las sensaciones del espectador con secuencias inolvidables como la de "Realidad Vs Expectativas", que se convierte en el clímax de la historia y del film. La producción también es impecable, al igual que las actuaciones de un reparto sólido en donde nadie desentona. Completa un soundtrack con excelentes temas que además de acompañar, participa en el mundo de los personajes y nos sumerge en la melancolía agridulce que respira "500 days of summer" de principio a fin.
Dos nominaciones al Globo de Oro y tres al Independent Spirit Award, en el que ganó el premio al mejor guión, son algunos de los reconocimientos de este pequeño gran film que nos hace recordar una vez más por qué el cine independiente es cine de culto, siempre tan cercano, relevante y memorable.