500 days of Summer (500 días con ella)

|
Joseph Gordon-Levitt
Zooey Deschanel
Director: Mark Webb
Guión: Scott Neustadter y Michael H. Weber
Puntuación: 8.5/10

"500 days of Summer" no es propiamente una comedia romántica aunque sea clasificada como tal. Es cierto, hay unos cuantos momentos de humor y su eje central es el amor, pero lo que subyace en esa descripción superficial la convierte en mucho más. Podríamos decir que "500 días con ella" es una comedia romántica de la misma manera en que la involvidable "Annie Hall", obra maestra de Woody Allen, es una comedia romántica. Y salvando las distancias, ambas poseen esa frescura inteligente y la irreverencia de presentar una historia, en apariencia trillada, de una forma distinta que nunca deja de sorprender.

La cinta, en su nivel más profundo, es una crónica sobre la complejidad de las relaciones humanas y el riesgo que corremos al apostar por una persona cuando hay sentimientos en juego. Es una visión agridulce del desamor en donde queda claro que aquel dicho: "En toda relación hay uno que quiere y otro que se deja querer" no es sólo cierto, sino que condiciona la dinámica de una relación desde el principio. Todo lo que sucede en la historia es consecuencia de que Tom (Joseph Gordon-Levitt), el personaje principal, se enamora perdidamente de Summer (Zooey Deschanel) sin que ella pueda corresponderle. Cada etapa del nacimiento, clímax, declive y rompimiento de su relación está determinada por lo que cada uno siente por el otro, y pronto se hace evidente que cuando las diferencias son tan grandes el final no puede ser feliz. Un narrador nos advierte al inicio de la película que "esta no es una historia de amor", y efectivamente, no lo es. Pero a pesar de la advertencia, "500 Days of Summer" logra conectarnos con cada personaje y hace que la historia importe, nos afecte y la asociemos con nuestras realidades personales.

Es realmente interesante compartir opiniones con quienes han visto el film porque cada uno lo interpreta desde su perspectiva particular y descubrimos que algunos se identifican son Summer y otros con Tom, pero no porque uno u otro tengan razón, sino porque estos personajes son reales, se parecen a nosotros. Lo que ambos viven como pareja a lo largo de la película es tan cercano a lo que todos hemos experimentado alguna vez, que sin darnos cuenta nos hemos convertido en observadores que juzgan desde su experiencia. Y eso es quizás lo más especial de esta película. Logra hablarle al espectador y lo confronta con varios de los mecanismos, juegos y estrategias implícitos en el enamoramiento de dos personas que acaban de conocerse: Cómo a veces no podemos elegir en quién nos fijamos y somos atraídos por una fuerza de gravedad inevitable, cómo idealizamos a las personas convirtiéndolas en alguien que no son (resaltando lo bueno y obviando lo malo) y cómo intentamos transformar la realidad para alinearla con nuestras expectativas; cómo en ocasiones callamos para no herir al otro y cómo a veces el simple hecho de que nos hace sentir bien es motivo suficiente para seguir con una persona que no queremos realmente.

Una nota en la primera secuencia de la cinta revela que toda, o casi toda la historia, fue tomada de una experiencia real que vivió uno de los guionistas, quien a modo de catarsis convirtió su dolor en la gran película que disfrutamos ahora. Y es esto, en gran parte, lo que le otorga esa sensación de cercanía y realidad a la película. El resto del trabajo lo consigue la dirección genial de Mark Webb, que nunca teme elegir caminos distintos para que el film exprese visualmente todas y cada una de las emociones que sienten los personajes, especialmente Tom. No sólo lo consigue, además logra multiplicar las sensaciones del espectador con secuencias inolvidables como la de "Realidad Vs Expectativas", que se convierte en el clímax de la historia y del film. La producción también es impecable, al igual que las actuaciones de un reparto sólido en donde nadie desentona. Completa un soundtrack con excelentes temas que además de acompañar, participa en el mundo de los personajes y nos sumerge en la melancolía agridulce que respira "500 days of summer" de principio a fin.

Dos nominaciones al Globo de Oro y tres al Independent Spirit Award, en el que ganó el premio al mejor guión, son algunos de los reconocimientos de este pequeño gran film que nos hace recordar una vez más por qué el cine independiente es cine de culto, siempre tan cercano, relevante y memorable.


The Hurt Locker (Zona de Miedo)

|
Jeremy Reener, Anthony Mackie, Bryan Geraghty
Director: Kathryn Bigelow
Guión: Mark Boal
Puntuación: 8.5/10

“El ímpetu de la batalla es una potente y frecuente adicción, porque la guerra es una droga”.
Con esta cita de Chris Hedges, un corresponsal de guerra, abre la secuencia inicial de Zona de Miedo, y en ella se entrega la clave para descifrar no sólo el sentido de la película sino la intención de sus realizadores al crearla. En una época donde llueven documentales y cintas en contra de la guerra en Iraq, la propuesta de “Zona de Miedo” se hace aún más interesante. No emite ningún tipo de juicios, a favor o en contra, sobre la guerra. No hay críticas ni reflexiones acerca de su legitimidad o sentido. Tan sólo quiere observar a la menor distancia posible, la vida de un soldado en el calor de la batalla. Es una reflexión, casi neutral, sobre la relación entre la guerra y los hombres que las luchan. Sobre cómo se transforman y quiénes deben ser para soportar lo que enfrentan todos los días. Es un intento por comprender esa distancia, a veces insalvable, entre los militares y el resto de nosotros.

El eje de la historia es la relación entre 3 soldados de la división de explosivos especialistas en desactivar bombas: Sanborn, Eldrige y James. Éste último llega para reemplazar a un oficial fallecido en una explosión. Sanborn y Eldrige tienen algún tiempo trabajando juntos, se conocen y han establecido un método riguroso de operaciones con un sólo objetivo: volver a casa. Pero James, quien se convierte en el líder del grupo, quiere hacer las cosas a su manera y transita la delgada línea que separa al valiente del temerario o el idiota. A través de esta relación y de los conflictos que enfrenta, casi siempre por las decisiones de James, vamos conociendo y definiendo a cada personaje, con sus demonios y matices. Son soldados en Iraq, nadie es completamente normal. Sin embargo, bajo el miedo y la angustia de la muerte, Sanborn y Eldrige son sólo un par de muchachos que intentan hacer su trabajo lo mejor posible para regresar sanos y salvos a casa sin mucho que lamentar. Para ellos la guerra es un trámite, un deber que hay que cumplir para poder dejarlo atrás. Pero no para James, él es diferente. Su personaje representa el tipo de hombre que interesa al guionista Mark Boal y a la directora Kathryn Bigelow. El soldado adicto a la guerra, atrapado en su niebla, que vive y respira por y para ella. James es el hombre descrito por la cita que inicia la película, el que es consumido por el ímpetu de la batalla y la exaltación del peligro. A medida que avanza, “Zona de Miedo” nos revela a un James cada vez más arriesgado, más desafiante y más alejado del mundo que lo rodea, recorriendo con cierto gusto la frontera del peligro extremo sin poder explicar sus motivos, sin lograr que sus compañeros entiendan su necesidad de exponerse y exponerlos a ellos. El desenlace de la historia conduce a ese reconocimiento, a enfrentar la imposibilidad de asumir una vida normal en la que una familia, el amor de un hijo y una tarde en casa son suficientes para darle sentido a la vida de un hombre. La guerra es todo, la guerra es el sentido.

“Zona de Miedo” exige al espectador. No explica demasiado y en sus diálogos encontramos poco más que pistas que revelen el interior de los personajes. Los juicios, reflexiones y conclusiones van por cuenta del observador. Su intención principal es mostrar y transmitir la tensión, la vulnerabilidad y la posibilidad absoluta de la muerte, que siempre parece inminente. Y lo logra con maestría, sin embargo el significado que tenga todo esto debe encontrarlo cada uno. Eso es lo más interesante de su propuesta, la sensación de que por unas 2 horas, hemos sido transportados a la vida de un grupo de soldados que luchan por sobrevivir en uno de los ambientes más hostiles que existen en el planeta. El elenco de actores principales relativamente desconocidos y la dirección cruda y asfixiante que acompaña a un guión libre de dramatismos típicos de Hollywood, consuman la experiencia de hacernos sentir realmente allí o al menos imaginar como sería.

Más allá de la discusión sobre si sea una obra maestra merecedora del Oscar a la mejor película, “The Hurt Locker” es una cinta original con mucho carácter y una propuesta distinta que dejará satisfechos a todos los que alguna vez se hayan preguntado cómo las guerras consumen y transforman a los hombres.